Selva Lacandona: historia, cultura y el pueblo que la guarda desde tiempos inmemoriales

14/03/2026 · Actualizado: 14/03/2026

Selva Lacandona: historia, cultura y el pueblo que la guarda desde tiempos inmemoriales

Hay selvas en el mundo y hay selvas que respiran historia. La Selva Lacandona, en el sureste de México, pertenece al segundo tipo: un territorio donde la vegetación no solo cubre la tierra, sino que la envuelve junto con siglos de memoria maya, tradición oral y resistencia cultural. Aquí, entre ceibas que alcanzan los 50 metros, ríos que nacen de la caliza y ruinas que asoman entre la maleza, vive uno de los pueblos indígenas más fascinantes del país: los hach winik, los "verdaderos hombres", conocidos por el mundo como los lacandones.

Este artículo es un recorrido por la Selva Lacandona que va más allá del dato turístico: es la historia de un ecosistema que fue escenario de civilizaciones, refugio de un pueblo que se negó a ser conquistado, y hoy, uno de los territorios culturalmente más densos de México.


Índice

¿Qué es y dónde está la Selva Lacandona?

La Selva Lacandona es una región tropical localizada en el estado de Chiapas, en el extremo sureste de México. Su superficie considerada como "Región Lacandona" comprende 957,240 hectáreas, que representan casi el 13% del territorio estatal.

Está ubicada principalmente en las denominadas Montañas del Oriente de Chiapas, entre los municipios de Las Margaritas, Altamirano, Ocosingo y Palenque.

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Su forma es la de un gran tapete verde que se extiende hacia la frontera con Guatemala, comunicado internamente por la cuenca del río Usumacinta, uno de los sistemas fluviales más importantes de Mesoamérica.

El clima predominante es cálido-húmedo, con temperaturas de 23 a 27°C, y llueve casi todo el año, con excepción de los meses de marzo y abril.

Es esta combinación de calor constante y agua abundante la que explica la extraordinaria diversidad biológica de la región —y también, la razón por la que los mayas lacandones pudieron vivir aquí durante siglos con relativa autosuficiencia.


El nombre que viene de una piedra

Antes de hablar del pueblo, vale detenerse en el nombre. Con la palabra "lacandones" se ha hecho referencia a un grupo hablante de lengua chortí que habitaba una pequeña isla situada en el río Lacantún, en el sur de la selva, y que se autonombraban "los del Lacam-Tún", que significa "Gran peñón" o "Piedra erecta", voz que al castellanizarse se transformó en lacandón.

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Pero los habitantes actuales de la selva, los que heredaron ese nombre, no se llaman así entre ellos. Los lacandones se llaman a sí mismos hach winik, que significa "verdaderos hombres".

Una declaración de identidad tan contundente como la que los zapotecas hacían al decir que nacieron de las piedras. No es arrogancia: es la afirmación de que su existencia está fundida con esa tierra, que no son visitantes de la selva sino parte de ella.


Los mayas que nunca fueron vencidos

La historia de los lacandones es, ante todo, una historia de resistencia. La llegada de los conquistadores españoles en el siglo XVI marcó un punto de inflexión, y muchos pueblos mayas fueron destruidos o forzados a migrar. El pueblo lacandón se refugió en la densa selva chiapaneca, donde pudo mantener su forma de vida y muchas de sus tradiciones a pesar de la colonización.

Distintos libros del historiador Jan de Vos documentan cómo los indígenas originales lacandones resistieron la colonización española; la selva se convirtió en un lugar hostil y difícil de penetrar. Aunque el ecosistema estaba en el mapa bajo el reclamo de soberanía española, dicho reclamo se quedaba en el papel, pues sus habitantes se resistían a dicha colonización.

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Los lacandones se consideran originarios de la península de Yucatán y del Petén guatemalteco; emigraron durante diversos periodos hacia la selva chiapaneca huyendo de los intentos de congregarlos en pueblos establecidos por las autoridades coloniales. Mientras otros grupos mayas como los tzeltales y los choles fueron desplazados y reasentados en zonas periféricas, perdiendo en el proceso elementos fundamentales de su cultura, los lacandones eligieron la selva como muralla.

A diferencia de otros grupos mayenses que fueron desarraigados, los lacandones han permanecido atados a su selva natal, de la que se consideran los verdaderos hombres.

Un universo sostenido por el Sol y la Luna

La cosmovisión lacandona es uno de los sistemas de pensamiento indígena mejor preservados de México, precisamente porque el aislamiento geográfico protegió a este pueblo de la aculturación forzada que devastó otras tradiciones.

El dios principal de los lacandones es Ik chan yum, "nuestro pequeño señor", considerado el creador del pueblo lacandón. Junto a él figuran K'in ich ahau, "señor del rostro solar", y una divinidad que también es "señor del inframundo". Todas estas divinidades son representaciones del Sol, mediante las cuales se le vincula con diferentes atributos.

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Al igual que en otras culturas nativas mesoamericanas, en la cultura lacandona el mundo se explica por medio del movimiento de los astros. Los lacandones imaginan un cosmos amenazado de destrucción, cuyo equilibrio están obligados a mantener.

Esta responsabilidad cósmica no es metáfora: es práctica cotidiana. Cada ritual, cada ofrenda y cada acto de respeto hacia la naturaleza tiene el propósito concreto de sostener el equilibrio que mantiene vivo al mundo.

En la cosmovisión lacandona también tienen lugar un conjunto de divinidades intermedias, menores y otros seres sobrenaturales que inciden en la vida de los seres humanos, y que son objeto de culto en los templos familiares, donde se les ofrece copal, alimentos y bebida ritual.

Especialmente significativa es la figura de la Luna, conocida como Ak Na', diosa asociada al nacimiento, a la muerte y a la reproducción de la vida. Durante un eclipse lunar, las mujeres lacandonas se escondían en las cocinas, sobre todo las embarazadas, ya que en ese momento se creía que el hilo de vida que las une con Ak Na' corría el riesgo de romperse. Cuando Ak Na' reaparecía elevándose en el cielo nocturno, las mujeres se apaciguaban alrededor de las fogatas domésticas de la selva.

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Un ritual que conecta el cosmos con el vientre materno con una elegancia simbólica difícil de igualar.


La vida en la selva: de la milpa al río

El patrón tradicional de subsistencia lacandón se basa en un uso múltiple de la tierra, aprovechando varias zonas ecológicas: la milpa, el acahual, la selva y las zonas acuáticas como ríos, lagunas y pantanos.

Los hogares lacandones se sitúan regularmente en sitios cercanos a ríos, arroyos o lagunas, lo que les permite la pesca y el abastecimiento de agua para todas las necesidades de la comunidad. La vivienda tradicional, construida con palma y bahareque, dividida en dormitorio y cocina, tiene en el fogón un elemento central: no solo para cocinar, sino para mantener el calor en las noches frescas de la selva y alejar con su humo a los insectos.

La selva es un ente vivo dentro de la cosmovisión lacandona, y por ello, la caza y la pesca se realizan bajo estrictas normas que buscan el equilibrio con la biodiversidad. No se trata de restricciones impuestas desde afuera, sino de una ética ecológica desarrollada durante siglos de convivencia con el ecosistema.

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La bebida ceremonial por excelencia es el balché: una bebida obtenida con la fermentación del jugo de caña de azúcar y la corteza del árbol Balché, que dio origen a su nombre. El balché acompaña los rituales más importantes y es, al mismo tiempo, ofrenda a los dioses y vínculo entre los participantes de la ceremonia.


Las ciudades mayas que la selva esconde

La Selva Lacandona no es solo el hogar de un pueblo vivo: es también el guardabosque de algunas de las zonas arqueológicas más importantes de la civilización maya.

Entre las que destacan por su tamaño y esplendor están Palenque, Toniná, Bonampak ("Muros pintados") y Yaxchilán ("Piedras verdes"), situada en el margen izquierdo del río Usumacinta.

Bonampak es especialmente significativa para entender la cultura lacandona contemporánea: sus murales, descubiertos por el mundo occidental en 1946 gracias a la guía de un lacandón de nombre Chankin, son los frescos mayas mejor conservados de Mesoamérica. Los lacandones de la comunidad de Lacanjá-Chansayab, asentada cerca del sitio, consideran Bonampak un lugar sagrado que sus antepasados nunca abandonaron del todo.

Yaxchilán, enclavada en un meandro del Usumacinta, solo accesible en lancha, es otro de esos sitios donde la arqueología y la selva se fusionan: los templos conviven con monos aulladores, loros y jaguares en un escenario que ningún parque temático podría replicar. Aquí, los lacandones realizaban peregrinaciones ceremoniales hasta bien entrado el siglo XX.


Vestimenta, artesanía e identidad visible

El atuendo tradicional para los hombres lacandones es una túnica blanca llamada kut, que refleja su simplicidad y conexión con la pureza de la selva. Las mujeres suelen llevar faldas largas y blusas adornadas con bordados que reflejan motivos naturales y simbolismo cultural.

En un mundo donde la ropa de los pueblos indígenas se ha ido sustituyendo rápidamente por ropa industrial, la persistencia del kut blanco entre los hombres lacandones es un acto cotidiano de identidad. Verlos en las comunidades de Nahá o Lacanjá-Chansayab es encontrarse con una imagen que casi no ha cambiado en siglos.

La artesanía lacandona incluye collares de semillas, vasijas de barro y figuras de madera con formas humanas o personajes míticos, además de implementos de caza. Algunas de estas piezas son comercializadas en las principales ciudades de la región.

La selva en peligro: deforestación y resistencia

Se calcula que desde la década de los 70, la selva ha sufrido una reducción de su tamaño del 70%. Entre las amenazas a las que se enfrenta están la deforestación, los asentamientos humanos ilegales y la caza furtiva.

A principios de los 90, en la selva había 200,000 habitantes y 200 comunidades indígenas, incluyendo tojolabales, choles y tzeltales. La presión demográfica, la expansión agrícola y los intereses extractivos han fragmentado el ecosistema de forma acelerada. La Selva Lacandona es hoy una de las zonas de mayor conflicto socioambiental de México, un campo de tensión entre derechos territoriales indígenas, políticas de conservación y presiones económicas.

La región cobró notoriedad internacional con la aparición del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en 1994.

El levantamiento del EZLN puso a la Selva Lacandona en los titulares de todo el mundo, pero también reveló las profundas desigualdades históricas que habían acumulado décadas de marginación sobre los pueblos indígenas de Chiapas.


Los lacandones hoy: entre la tradición y el futuro

En décadas anteriores era común la práctica de la poligamia, vista en la comunidad como símbolo de estatus. Sin embargo, ha ido desapareciendo a causa de la introducción de cultos protestantes que inducen a los lacandones a formalizar matrimonio con una sola mujer.

Este es solo uno de los cambios que la comunidad ha atravesado en tiempos recientes.

La comunidad lacandona ha comenzado a beneficiarse del turismo en el territorio, de trabajos asalariados y del dinero que les proporciona el Banco Nacional trimestralmente, producto de la venta de una parte de sus derechos madereros.

La relación con la economía de mercado es compleja y no exenta de tensiones internas.

Sin embargo, la transmisión oral de mitos y leyendas ha sido un pilar fundamental en la preservación de sus tradiciones indígenas, permitiendo que el conocimiento ancestral se mantenga vivo y continúe guiando la vida comunitaria.

Los lacandones son, en definitiva, uno de los ejemplos más poderosos de resiliencia cultural en México: un pueblo que sobrevivió la conquista escondiéndose en la selva, que preservó sus dioses mientras otros los abandonaban, y que hoy navega la modernidad sin soltar del todo el hilo que los une a sus ancestros mayas.

¿Quiénes son los lacandones y por qué son importantes?

Los lacandones o hach winik ("verdaderos hombres") son un pueblo indígena descendiente de los mayas que habita la Selva Lacandona desde los siglos XVII y XVIII; son uno de los pocos grupos que logró preservar su cosmovison y lengua maya prácticamente sin interrupciones.

¿Qué zonas arqueológicas hay en la Selva Lacandona?

Las más importantes son Palenque, Bonampak, Yaxchilán y Toniná, todas de origen maya y consideradas entre los sitios arqueológicos más relevantes de Mesoamérica.

¿Cuál es la religión o cosmovisión de los lacandones?

Su cosmovisión es de raíz maya: adoran principalmente al Sol y la Luna como fuerzas creadoras y destructoras, realizan rituales con copal y ofrendas en templos familiares, y se consideran responsables de mantener el equilibrio cósmico.

¿Por qué está en peligro la Selva Lacandona?

La deforestación, los asentamientos ilegales, la expansión agrícola y ganadera, y los intereses extractivos han reducido la selva hasta en un 70% desde los años 70, amenazando tanto la biodiversidad como la forma de vida de sus comunidades indígenas.

¿Cuántas personas viven en la Selva Lacandona actualmente?

Las comunidades lacandones propiamente dichas son muy pequeñas, con solo unos cientos de individuos distribuidos en comunidades como Nahá, Mensabäk y Lacanjá-Chansayab; aunque la región en conjunto alberga decenas de miles de personas de distintas etnias.

¿Cómo se puede visitar la Selva Lacandona de manera responsable?

Lo más recomendable es ingresar a través de guías de las propias comunidades lacandones, respetar los protocolos de las comunidades, no fotografiar a personas sin su consentimiento, y optar por el ecoturismo comunitario disponible en Nahá y Lacanjá-Chansayab.

¿Dónde se encuentra la Selva Lacandona?

Está ubicada en el estado de Chiapas, al sureste de México, principalmente en los municipios de Ocosingo, Palenque, Las Margaritas y Altamirano, y forma parte de la frontera con Guatemala.

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